25 de Agosto del 2010 | 1
Número 21/julio-septiembre 2010
Juan Carlos Triviño Salazar
Las elecciones presidenciales colombianas de 2010 serán recordadas por haber tenido una campaña fugaz e intensa marcada por un discurso que nunca dejó de gravitar alrededor de dos cosas: la importancia de mantener el legado del presidente saliente Álvaro Uribe y cuál candidato sería el más capacitado para ello. Con niveles de aceptación de casi un 70% (1), el presidente saliente de Colombia se ha caracterizado por su obsesión de poner al Estado a la delantera en la lucha que éste ha tenido por más de 50 años contra las guerrillas izquierdistas y todo lo relacionado con éstas. El 2010 marca el fin de la era Uribe y la elección como presidente de Juan Manuel Santos, ministro de defensa durante su gobierno, es la confirmación de que su impronta llegó para quedarse. Más allá de la elección de Santos como presidente, estos comicios confirman que el país se ha unificado en torno al discurso Uribista, que la seguridad interior aún está en la mente de los colombianos a la hora de votar, por encima de otras prioridades, y que un reto importantísimo del gobierno entrante es lograr corregir los excesos cometidos durante la era Uribe.
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24 de Agosto del 2010 | 2
Número 21/julio-septiembre 2010
Alexandre Calvo Cristina
La visita del portaaviones USS George Washington a aguas vietnamitas deja claro que ambos países comparten un fuerte interés en el Mar del Sur de la China. Defienden una solución pacífica de los conflictos territoriales de la zona y pretenden evitar que se convierta en un lago chino.
Doble aniversario pero mirada al futuro
El poderoso portaaviones norteamericano USS George Washington, con base en Japón, ha dedicado unos días a navegar por aguas cercanas a Vietnam, con el beneplácito de Hanoi. El domingo 8 de agosto una delegación de altos oficiales y funcionarios vietnamitas visitó el navío, acompañados por el embajador estadounidense.
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12 de Agosto del 2010 | 0
Número 21/julio-septiembre 2010
Juan Luís Dorado Merchán
Tras varios años en prisión, urgía una solución para la salida de los presos de conciencia que el Gobierno cubano había encarcelado en los últimos años. Protestas a nivel internacional, intenciones de los Gobiernos europeos, acercamientos con la Iglesia Católica,… En el fondo, eran palabras, palabras, palabras,…
Pero este verano, sorprendentemente, una visita de Miguel Ángel Moratinos cambió las cosas. Consiguió la liberación de los presos políticos a cambio de su salida -junto a sus familiares- a España. ¿Resulta que el bueno de Moratinos había sido capaz de tocar la fibra sensible del ala más dura del castrismo?
Nada más lejos de la realidad. Si por algo destaca Fidel Castro -que ha vuelto a la vida pública en los últimos días apagando el eco de estas liberaciones a nivel internacional- es por su capacidad de tomar decisiones que puedan perjudicarle a él, a su hermano Raúl y a todo el Régimen comunista.
Analicemos la situación. Durante los últimos años, con Cuba de nuevo en la brecha de la coyuntura política internacional de la mano de la Venezuela chavista, ha sido la presión de estos presos, sus peticiones de libertad y la acción de sus esposas y familiares, los únicos capaces de ir recordando de forma permanente que las cosas en la Isla seguían como siempre.
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12 de Agosto del 2010 | 0
Número 21/julio-septiembre 2010
Facundo Cruz
2009 fue año electoral en Argentina y también lo será el 2011. En el medio, los políticos viven en campaña. La culpa, claro, recae en las normas y reglas que fijan el calendario electoral. Las leyes argentinas establecen que cada dos años se debe elegir una porción de nuestros legisladores (mitad de los diputados y un tercio de los senadores), y cada cuatro Presidente, Vicepresidente y el resto de los legisladores en elección conjunta.
El año pasado fue el turno de los legisladores únicamente. Esa contienda electoral tuvo una doble función netamente política. Primero, sirvió para que el electorado argentino valorara al gobierno de turno, liderado por la peronista Cristina Fernández de Kirchner y continuador del modelo impulsado por su marido en el período anterior, Néstor Kirchner. Segundo, para que los partidos políticos (tanto oficialistas como opositores) midieran fuerzas entre sí y posicionaran sus propios candidatos presidenciales para el 2011.
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