La “guerra contra el terrorismo”, versión china

14 de Agosto del 2007 | 0

Número 4/Agosto-Septiembre 2007
Roger Casas

Los casi seis años transcurridos desde los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York han dejado claro que la cruzada declarada contra el fundamentalismo islámico por el presidente estadounidense George W. Bush y sus acólitos europeos sirve a menudo como pretexto para que cualquier estado justifique acciones difícilmente justificables en nombre de la “guerra contra el terror”: las invasiones de Afganistán e Iraq, la intervención del ejército indonesio en la región de Aceh en mayo de 2003, o el reciente ataque a la Mezquita Roja de Islamabad son ejemplos de este tipo de práctica.

La República Popular China (RPC) no es una excepción a esta tendencia, si bien los usos y abusos que dicho estado parece estar haciendo de la llamada “guerra contra el terrorismo” han pasado por lo general inadvertidos en el exterior del país, quizás por tratarse, como Pekín no se cansa de afirmar, de “asuntos internos”: la particular cruzada de las autoridades chinas contra el extremismo islámico se centra en la región noroccidental de Xinjiang, el llamado “Turquestán Oriental” o “Turquestán Chino”, una de las cinco regiones autónomas de nivel provincial del país, y habitada por al menos 14 grupos étnicos diferentes, el más numeroso de los cuales es todavía, a pesar de la llegada masiva de emigrantes Han provenientes de las regiones orientales del país, el formado por los uigures (alrededor del 42% de la población en la región).

Los uigures, un pueblo de lengua turca y practicante de la fe sunita del Islám, relacionado culturalmente con kirguises, kazajos y uzbekos, han mantenido desde hace siglos una compleja relación política tanto con el imperio como con los posteriores gobiernos asentados en Pekín; el Xinjiang, nombre que en chino significa “nuevos territorios”, no fue conquistado y convertido en provincia imperial hasta la segunda mitad del siglo XVIII. En los años 40 del pasado siglo, aprovechando la guerra civil y la debilidad del gobierno nacionalista chino –y gracias al apoyo de la Unión Soviética–, llegó a establecerse una República del Turquestán Oriental en la región de Ili (Ining en chino), en el extremo occidental del Xinjiang. La llegada al poder del Partido Comunista de Mao Zedong en 1949 puso fin a dicho estado, sus dirigentes murieron poco tiempo después en un misterioso accidente de aviación, y el Turquestán Oriental se integró en la recién nacida RPC con el nombre de Región Autónoma Uigur de Xinjiang. Sin embargo, diversos grupos y organizaciones uigures, tanto dentro como fuera de la RPC, han continuado desde entonces haciendo frente a la pretensión de Pekín de considerar el territorio y sus habitantes como parte de la “nación china”.

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Del corresponsal al reportero de exterior: internet y la nueva tipología del periodista internacional

15 de Junio del 2007 | 0

Número 3/ Junio-Julio 2007
Myriam Redondo

Los estudios académicos referidos al periodista internacional han tendido siempre a reducir esta figura a la del corresponsal en el extranjero. En efecto, desde finales del siglo XIX y durante buena parte del siglo XX fueron los reporteros desplazados más allá de las fronteras nacionales los únicos que veían, asimilaban y contaban a sus compatriotas ese “otro mundo” que, para la mayoría de los ciudadanos, existía sólo a través de sus crónicas. Así que el exterior era cosa de los corresponsales.

Esta equivalencia casi exclusiva no puede sostenerse por más tiempo. En la actualidad, todos los corresponsales siguen siendo periodistas internacionales, pero hay muchos periodistas internacionales que ya no trabajan desde el extranjero. Internet lo ha hecho posible: en Madrid, un redactor es capaz de elaborar un artículo sobre la matanza ocurrida en un instituto de Virginia (Estados Unidos) informándose a través de la Red, como pudo informarse sobre el 11-S en línea mientras los grandes canales de televisión todavía acertaban sólo a repetir una y otra vez la misma imagen.

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Un análisis constructivista y una solución comunicativa

15 de Junio del 2007 | 0

Número 3/ Junio-Julio de 2007
Eva Díez Ajenjo

El constructivismo resulta útil a la hora de analizar cómo Huntington construye su teoría. Los constructivistas sostienen que las estructuras normativas o de ideas son tan importantes como las condiciones materiales para determinar el comportamiento de los actores sociales y políticos. El constructivismo destaca las peculiaridades de la cultura, identidad e interés y su poderosa influencia a nivel social y político. Según Christian Reus-Smit “los constructivistas aseguran que los recursos materiales sólo tienen significado para la acción humana a través de la estructura de conocimientos compartidos en la cual se enmarcan” (Burchill 2001: 217). Además, ellos se centran en la importancia de las estructuras normativas y de ideas porque a través de ellas se forman las identidades sociales de los actores políticos. Cabe añadir que para explicar el proceso de formación de los intereses los constructivistas se concentran en las identidades sociales de los individuos o estados.

En línea con las concepciones constructivistas Mozaffari argumenta que “el orden mundial es un fenómeno humano. Como cualquier otro fenómeno humano es una construcción social” (2002: 37). Para entender el orden mundial propone ir más allá de su descripción y fijarse en estructuras más profundas donde el fenómeno está arraigado.

“La reconfiguración del orden mundial” descrita por Huntington está basado en agudas divisiones culturales y religiosas entre civilizaciones, de esta manera el conflicto surge en las líneas de división civilizacionales. A lo largo de su tesis idea un mundo inseguro y peligroso donde la idea subyacente es el miedo a lo diferente. Este mundo queda patente en el léxico utilizado como: las fronteras sangrientas del Islam, odio, enemigos, domino y declive.

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¿Existe un choque de civilizaciones? Una compilación de críticas

15 de Abril del 2007 | 0

Número 2 /Abril-Mayo 2007
Eva Díez Ajenjo

La gran cantidad de críticas a la teoría huntingtoniana “El choque de civilizaciones” evidencia un creciente interés por las políticas basadas en religiones, identidades y culturas. Según Huntington el sistema internacional y los conflictos futuros en la posterioridad del final de la Guerra Fría estarán determinados y causados por escisiones entre distintas civilizaciones. El autor define el término civilización en relación a conceptos como religión, cultura, idioma, valores, historia y tradiciones (Huntington 2002). Sin embargo, la característica principal del término civilización es la religión. Huntington advierte que actualmente estamos asistiendo a un cambio de poder entre civilizaciones debido a una reafirmación cultural de las sociedades orientales y a un rechazo de la cultura occidental. Además ante la erosión de la cultura occidental se reavivan y reafirman las identidades de los estados orientales azuzadas por las consecuencias internacionales del proceso modernizador.

Huntington está especialmente preocupado por una resurrección global de la religión ‘la revanche de Dieu’ (2002: 95) en particular del Islam. Define al Islam como ‘source of nuclear proliferation, terrorism, and, in Europe, unwanted migrants’ (una fuente de proliferación nuclear, terrorismo y en Europa inmigrantes indeseados) y asegura que ‘European governments and public have largely supported and rarely criticized actions the US has taken against its Muslims opponents’ (los gobiernos europeos y el público raramente han criticado y han respaldado ampliamente las acciones que los EEUU han realizado en contra de sus oponentes islámicos).

Pero en este último punto la teoría de Huntington es claramente errónea ya que los últimos acontecimientos en el panorama internacional han demostrado una clara y amplia oposición de una gran mayoría de ciudadanos europeos y algunos gobiernos a la guerra que los EEUU iniciaron contra Irak. Esta amplia oposición se ha visto reflejada en manifestaciones masivas contra dicha guerra en países como España y el Reino Unido.

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La guerra preventiva como guerra justa: un análisis de los supuestos habilitantes

14 de Abril del 2007 | 0

Número 2/ Abril-mayo 2007
Josep Baqués Quesada

La idea de que una guerra preventiva puede ser una guerra justa está presente, por lo menos, desde los tiempos en que el holandés Hugo Grocio (s.XVII) propone unas reglas del juego que conviertan en moralmente aceptables unas relaciones internacionales a las que, de facto, considerada terriblemente deterioradas. En ese sentido, el carácter presuntamente legítimo de la guerra preventiva no es ningún invento descabellado de algún líder político de nuestros días en función de cierto interés coyuntural. Ni tampoco una mala excusa de los fuertes para atemorizar a los débiles. Por el contrario, adquiere sentido en el campo de los principios, hasta el extremo de poder ser vista como un derivado razonable de los principios más elementales del derecho natural aplicado a las relaciones internacionales. Y, concretamente, como una proyección del criterio de legítima defensa.

Ahora bien, no es menos cierto que cada vez que uno de los progenitores de la teoría de la guerra justa aborda esta espinosa cuestión, la norma es que lo haga acompañando la opción de la guerra preventiva de varios y exigentes requisitos cuya observación será, en realidad –y caso por caso-, la que convalide la guerra en cuestión. Esta es, por consiguiente, la cuestión que se analiza en este artículo.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que, aunque cada autor aporta sus propios matices, los teóricos de la guerra justa coinciden en señalar que sólo puede acudirse a este expediente en caso de extrema necesidad. La guerra preventiva puede ser justa, vienen a decir, pero raramente lo será. Dicho con otras palabras: este mecanismo opera por vía de excepción y no debería constituirse en una receta normalizada para la solución de conflictos internacionales. No podemos descartarlo absolutamente, pero tampoco utilizarlo alegremente.

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Aproximación al terrorismo contemporáneo

15 de Febrero del 2007 | 0

Número 1/Febrero-Marzo 2007
Lucía Ferreiro

Los atentados ocurridos el 11 de septiembre de 2001 han tenido un impacto trascendental en la política mundial del nuevo milenio. El ataque terrorista de Al Qaeda ha supuesto un giro en la política mundial de 180 grados. El cambio ha sido tan importante como lo fue en su día, la bipolaridad surgida tras la Segunda Guerra Mundial. No hemos, por lo tanto, llegado al “final de la historia” tal y como aventuró Francis Fukuyama en los años noventa del siglo XX. Cada periodo histórico tiene sus propias dificultades y ninguno se encuentra exento de conflictividad. La caída del comunismo produjo, durante unos años, un desmesurado optimismo colectivo donde se fraguó la falsa ilusión de una suerte de “mundo feliz”.

Sin embargo, la realidad ha situado las cosas en su sitio. La política internacional entendida en clave bipolar impedía vislumbrar con claridad la emergencia de otros conflictos latentes. Hoy en día, se puede argumentar que, el énfasis en la lucha contra el terrorismo, quita atención a otras cuestiones que puedan cobrar importancia en el futuro. Por ejemplo, las amenazas del cambio climático o la escasez de recursos energéticos y la creciente necesidad de estos, tanto por los países occidentales, como por las emergentes China y La India.

En definitiva, la globalización ha contribuido ha crear un mundo cada vez más complejo, interconectado e interdependiente. El terrorismo contemporáneo no es ajeno a dichos cambios.

El ensayo tratará de describir someramente el terrorismo en nuestros días y explicar tanto su “modus operandi” como las tendencias de futuro en este modo de ejercer la violencia.

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2007: Ecuador para los Objetivos del Milenio

14 de Febrero del 2007 | 0

Número 1/Febrero-Marzo 2007
Carolina García

Han pasado siete años desde que en Septiembre de 2000 se firmara en la sede de Naciones Unidas en Nueva York la Declaración del Milenio que estableció los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Esta Declaración supuso un gran desafío por varios motivos, su aprobación gozó de un amplio consenso entre la comunidad internacional, siendo firmada por 189 jefes de estado y de gobierno y suscrita posteriormente por 2 gobiernos más. Pero especialmente porque, por primera vez, un documento internacional establece que la lucha contra la pobreza no es algo exclusivo de la Organización de las Naciones Unidas, sino que debe involucrar a todos los países. Además este documento fijaba un plazo para la ejecución de los compromisos adquiridos: 2015.

La Declaración del Milenio no es algo novedoso en el sentido de que es fundamentalmente un compendio de los distintos acuerdos internacionales en materia de desarrollo que se han ido firmando durante la década de los 90. El verdadero avance de esta Declaración es que convierte la lucha contra la pobreza en una prioridad para todos los estados, y además establece por primera vez una agenda global para el desarrollo. Los 8 Objetivos del Milenio consensuados en el seno de Naciones Unidas han de ser cumplidos para el año 2015. Para cuantificar su cumplimiento se establecieron unas metas muy concretas para cada uno de los objetivos y un periodo de tiempo para alcanzarlos; estos dos factores permiten evaluar el grado de implementación de estos compromisos año tras año.

Aunque la Declaración del Milenio no posee un carácter vinculante, los países firmantes suscribieron un compromiso con el desarrollo y establecieron la lucha contra la pobreza como una prioridad. Esto quedó reflejado en el Objetivo número 8 que establece la creación de una alianza mundial para el desarrollo. Esta alianza recoge las líneas de trabajo prioritarias para los países ricos y pobres, e incide especialmente en las obligaciones de los países desarrollados. Los primeros 7 objetivos han de ser cumplidos sobretodo en los países pobres y en vías de desarrollo, por eso el Objetivo 8 tiene una especial relevancia en el caso de los países ricos como España.

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Un pensamiento de paz civilizacional

13 de Febrero del 2007 | 0

Número 1/Febrero-Marzo 2007
Eva Díez Ajenjo

Paradigmas en Relaciones Internacionales referidos a un existente y natural conflicto civilizacional entre el Islam y Occidente están extremadamente en boga, especialmente el predicado por Huntington en su polémico libro El choque de civilizaciones. El autor construye concepciones de cultura, religión e identidad muy conflictivas que llevan a inexistentes conflictos entre distintas sociedades.

De acuerdo con el autor las religiones y sus concepciones del mundo son la principal causa de conflictos internacionales entre civilizaciones. El argumento central de su teoría apunta hacia el hecho de que las diferencias entre distintas sociedades no son de corte ideológico, político o económico sino cultural. Ello es debido a que las identidades culturales son extrapoladas de un contexto nacional a la más amplia entidad de civilización. El autor advierte que en el campo de las relaciones exteriores con terceros países se debe tener más en cuenta las diferencias civilizacionales.

El libro de Huntington ha provocado un gran revuelo de críticas como la expuesta por Senghaas. De acuerdo con Senghaas, el único conflicto real que existe en el panorama internacional es contra los efectos del proceso de modernización proviniente de Occidente y ocurre principalmente dentro de las propias civilizaciones en lugar de entre ellas.

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La Sociedad civil global es una fuerza democratizadora para un gobierno global

12 de Febrero del 2007 | 0

Número 1/ Febrero-Marzo 2007
Dimce Bukreski

El proceso de globalización ha traído nuevos y muy poderosos actores a la arena política global pero también ha distorsionado la constelación de poder y creado problemas que requieren un mayor grado de coordinación, cooperación y regulación más allá del marco de las naciones-estado.

La ONU y otras organizaciones intergubernamentales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio están constituidas y estructuradas de tal manera que apoyan mayoritariamente a los intereses de los países más poderosos y de las compañías transnacionales, respectivamente.

Por ejemplo, la reserva del derecho a ser miembro permanente y el derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a 5 estados y el sistema de votos básicos (basados en cuotas de participación) del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, donde un cuarto de los estados miembros controlan los tres cuartos de los votos, es un claro ejemplo de la indemocrática constitución del orden mundial (Scholte J. en Baylis & Smith 2001 p28).

En este injusto e inexplicable orden internacional, donde los países en vías de desarrollo apenas pueden alzar la voz y se encuentran sin apenas representación internacional para imponer cualquier cambio, es imposible alcanzar la democracia únicamente a través de los estados.

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NUEVO: Elecciones en Colombia 2010

01 de Enero del 2005 | 0

Número 21/julio-septiembre 2010
Luis Rodrigo De Castro

Colombia cambia de presidente pero no parece que vayan a cambiar las principales líneas de actuación del nuevo Gobierno de Juan Manuel Santos respecto a aquellas que durante los últimos ocho años ha establecido el Presidente saliente, Álvaro Uribe.

Buscando la Reelección

En un principio, el Senador Ciro Rodríguez, encarcelado posteriormente por el escándalo de la “parapolítica”, redactó un proyecto que permitía la segunda reelección del Presidente Uribe abriendo el debate de la conveniencia o no de una nueva reforma constitucional que posibilitara un tercer mandato presidencial consecutivo. Este proyecto encontró el respaldo del Secretario General del Partido de la U, Guillermo Giraldo, al considerar que los éxitos en la lucha contra las FARC y el narcoterrorismo eran notables además de haberse avanzado hacia una mayor securitización del país.

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